Les fonts de la història

Isaac Asimov, el 1965, imatge de la Viquipèdia“Por lo general, nuestra idea del pasado de la humanidad deriva de tres tipos de fuentes. En primer lugar, tenemos los datos obtenidos de los objetos abandonados por el hombre sin intención de que sirvan para conocer la historia. Ejemplo de ello son los utensilios y los recipientes de barro de los hombres primitivos, restos que arrojan una tenue luz sobre por lo menos un millón de años de historia del hombre.

Pero tales restos no nos cuentan una historia articulada. Es, más bien, como si quisiéramos leer un libro con la luz de un repentino flash. Aunque siempre es mejor esto que nada, obviamente.

En segundo lugar, contamos con las narraciones transmitidas oralmente de generación en generación. Estas narraciones nos cuentan sin duda una historia articulada, pero ésta suele quedar distorsionada al ser contada una y otra vez. Resultado de todo ello son los mitos y leyendas que no cabe aceptar como verdades literales, aunque a veces contengan datos importantes.
Así, las leyendas griegas sobre la guerra de Troya se conservaron de generación en generación gracias a la tradición oral. Los griegos de épocas posteriores las aceptaron como hechos históricos y los historiadores modernos las rechazaron por considerarlas meras fábulas. La verdad parece situarse en un término medio. Los hallazgos arqueológicos del pasado siglo han demostrado que muchas de las referencias de la obra de Homero son a hechos reales (aunque podemos seguir considerando lo que cuenta Homero sobre la participación de los dioses en los acontecimientos como pura fábula).

Finalmente, estarían los documentos escritos que, como es natural, a veces incluyen hechos legendarios. Cuando los documentos escritos se refieren a acontecimientos que son contemporáneos del estudioso, o que pertenecen a su inmediato pasado, disponemos de la más satisfactoria de las fuentes históricas, sin ser, con todo, necesariamente ideal, ya que los escritores pueden mentir, tener prejuicios o equivocarse de buena fe. Asimismo, sus escritos, aún los más fieles a los hechos, pueden sufrir distorsiones accidentales en posteriores copias, o ser alterados deliberada y maliciosamente por propagandistas. A veces, al comparar a un historiador con otro, o al contrastar sus relatos con los resultados de los hallazgos arqueológicos, los errores y las distorsiones pueden salir a la luz. Sea como sea, no disponemos de nada más detallado que los documentos escritos y, en líneas generales, cuando hablamos de la historia del hombre, nos referimos principalmente a los anales que han llegado hasta nosotros bajo la forma de escritos. Los acontecimientos anteriores a la utilización de la escritura en tal o cual región se califican de prehistóricos, sin que ello quiera decir que sean necesariamente precivilizados.
[…]
Los detalles referentes a la prehistoria de un país son siempre confusos y borrosos, y los historiadores se resignan ante esta realidad. Todavía más frustrante, sin embargo, es contar con documentos escritos, pero en una lengua que no sabemos descifrar. El libro de historia está ahí, al menos en parte, pero está sellado.”

Isaac Asimov

Els fragments anteriors sobre les fonts de la història i la seva fidelignitat pertanyen a “Los egipcios”, versió castellana del llibre “The Egyptians” (1967) d’Isaac Asimov (1920-1992).

Oriol López

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