El proceso explicado para dummies

CUADRADO

Había una vez un reino en el que sus habitantes vivían en territorios de diferentes colores: las comunidades A, B, C, D y E. Aunque tenían una parte de su Historia en común, les distinguían varios rasgos. Por ejemplo, los habitantes de la comunidad amarilla A compartían la misma lengua con el resto de comunidades pero, además, contaban con una lengua propia. Muchos de los habitantes del resto de comunidades respetaban esta diferencia pero, para ser sincero, también sería necesario decir que otros veían la lengua propia de la comunidad A con un cierto recelo. No comprendían que, teniendo una lengua común, quisieran utilizar un idioma que sólo hablaban entre ellos. Los más ignorantes, además, les insultaban, se reían de su lengua y la menospreciaban con frecuencia. Decían que no les servía de nada si viajaban al extranjero. Lo cierto es que muchos de estos ignorantes sólo hablaban una lengua, la suya, que tampoco les permitía comunicarse en otros muchos países.

Más allá de las cuestiones lingüísticas, también había otro tema que provocaba muchos conflictos: la economía. Los habitantes de la comunidad A llevaban muchos años quejándose de que aportaban mucho más de lo que recibían. Y, aunque era cierto que no era la comunidad peor tratada, muchos de los habitantes de la comunidad A estaban convencidos de que esa relación con el resto de comunidades les perjudicaba y querían una nueva financiación.

Todos los habitantes del reino sometían su legislación democrática a una ley suprema que fue creada cuando, muchos de los ciudadanos, ni siquiera habían nacido o no tenían la edad suficiente para votarla. Lo más irónico de la situación es que el partido que gobernaba había sido fundado por personas que aborrecían la democracia. Sin embargo, ahora se agarraban a esa ley suprema a la que no querían cambiar ni una sola coma. Al fin y al cabo, les permitía mantener los privilegios que habían conseguido en su momento. Tontos no eran.

Los habitantes de la comunidad A votaron en referéndum una ley propia que intentaba establecer un nuevo marco de relación con el resto de comunidades. Sin embargo, el tribunal de la ley suprema lo recortó para dejarlo prácticamente como estaba antes. Fue, en ese momento, cuando muchos de los habitantes de la comunidad A se hartaron y se sumaron a un movimiento que ya llevaba muchos años creciendo: el independentismo. Entonces salieron a las calles reclamando un futuro diferente. Estaban convencidos de que podían vivir más allá de las leyes y de las instituciones que llevaban tantos años compartiendo con el resto de comunidades. Querían, simplemente, decidir su futuro. Y reclamaron votar. Pedían otro referéndum pero, esta vez, lo que querían saber era cuántos de los habitantes de la comunidad A pensaban que podían vivir con leyes e instituciones propias que les permitieran relacionarse con otros reinos y otras repúblicas en igualdad de condiciones. En resumen, soñaban con convertirse en un nuevo estado democrático dentro de la comunidad internacional.

El partido que gobernaba el reino se hizo el sordo. No quería ni oír ni hablar del referéndum. Abundaron los discursos apocalípticos. Parecía como si todas las plagas bíblicas se cebarían con una comunidad A independiente. Algunas personas llegaron a asegurar que, en el caso de que se permitiera un referéndum, debían votar también los habitantes de las comunidades B,C, D y E. Como si en un divorcio debieran votar también la pareja de quien quiere abandonar el hogar, los hijos, los suegros, los cuñados, los hermanos, los primos y hasta los vecinos. En definitiva, un chiste que ni Kafka superaría. Otros, los supuestamente más progresistas, adoptaron un discurso paternalista. Y hablaron a los habitantes de la comunidad A de la misma manera que harían con un niño de dos años. Entre el autoritarismo de unos y el paternalismo de otros, muchos habitantes de la comunidad A buscaron una puerta de salida. Y esa puerta de salida estaba en las urnas.

Y así veía pasar los días el reino. Unos que querían votar. Otros que no les dejaban. Algunos que amenazaban. Otros que presionaban. Manifestaciones, cadenas humanas, sordera institucional, salvadores de la patria, cruce de acusaciones, mentiras, verdades a medias, pan, circo, panderetas, folclore… y un futuro por decidir. Sí y sí.

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