José María Aznar, el brazo tonto de la política

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Estimado, o no, José María Aznar:

He leído unas declaraciones tuyas que me gustaría comentarte:

“Nosotros aprobamos una ley, que luego fue derogada por Zapatero y que ahora no ha sido restablecida, en virtud de la cuál aquel que convocase un referéndum que fuese ilegal tendría una pena de cinco años de cárcel. A partir de ahí, puede usted establecer las consecuencias de que la ley se aplicaría con todas sus consecuencias”.

Si no tenemos en cuenta el asesinato semántico de la frase “puede establecer las consecuencias de que la ley se aplicaría con todas sus consecuencias”, que parece más de Groucho que de un defensor del castellano, lo que me sorprende es tu capacidad para ponerte el mundo por montera. Y es que, estimado, o no, José Mari: te tengo envidia. Para mí quisiera esa habilidad de diseñar las leyes a tu medida, tuneándolas como si del coche de un cani se tratara, para que se adapten a tus necesidades.

Te pasaste el Código de Circulación por tu sacrosanto escroto cuando pronunciaste aquella proclama vinícola de “las copas de vino que yo tengo o no tengo que beber, déjame que las beba tranquilamente; no pongo en riesgo a nadie ni hago daño a los demás”. Vamos que, yo soy tu agente de seguros, y te meto un alcoholímetro por el “fistro duodenal”.

¿Y qué me dices del día que jugaste a ser el Van Damme de las Azores y nos metiste en una guerra, prescindiendo por completo de todas las resoluciones de la ONU? Entonces la ley no te importó mucho.

¿Qué se siente siendo un estereotipo? ¿Qué experimenta una persona cuando se convierte en Torrente, el brazo tonto de la política? ¿Qué pasa por tu mente cuando la moral se adapta a cualquier tipo de situación y provoca que vivas en una perpetua disonancia cognitiva, en una lucha constante entre lo que antes era legal y ahora no, porque lo digo yo?

Eres un problema para la sociedad. Porque ese estereotipo en el que te has convertido es el del típico españolito que va de listo, que se cree el primero de la clase porque sabe hacer trampas, porque sabe aprovecharse del sistema, porque habla de democracia solamente cuando le garantiza derechos y deja las obligaciones para los demás, porque manipula, engaña, miente, tergiversa y sermonea desde el púlpito que ha creado su inagotable capacidad para manipular, mentir, tergiversar y sermonear. Eres el puñetero sociólogo que todos los españolistos llevan dentro. Aquél que nace de los prejuicios, de la basura intelectual, de los detritos de un franquismo que todavía colea. Y que juzga sin conocer. Y que cree que España es el último reducto de todo aquello en lo que se pueda ser último reducto. Y que vive con la idea de que su campanario es el más alto, su iglesia la más bonita, su pueblo el más hermoso, su lengua la más universal y su miembro el más grande.

Ahora quieres enviar a la cárcel a alguien cuyo único pecado es el de preguntar. Porque, amiguito, los referéndums sirven para eso, para preguntar, para saber lo que piensa la sociedad para la que gobiernas. A ti te dan miedo las urnas, los votos, la participación ciudadana. Te dan pánico los librepensadores. Te acojona llegar a la conclusión de que tus miserias ideológicas no convencen a todo el mundo, que no tienes superpoderes para adoctrinar al por mayor.

Petanca. Te recomiendo la petanca. Jubílate del todo. Vete a mirar obras, engánchate a algún culebrón, habla de enfermedades, vete al banco del parque y critica a los extranjeros, a los homosexuales, a los rojos y a los separatistas. Alimenta tu franquismo, si te apetece. Vuélvete un viejo cascarrabias, taciturno y amargado. Pero, por favor, multiplícate por cero.

Twitter: @alexsocietat

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