L’ofici de “pretendiente” a l’Espanya del segle XIX

Detall de la placa que hi ha a Sevilla a la casa on va néixer Blanco White

Detall de la placa que hi ha a Sevilla a la casa on va néixer Blanco White

“Voy a darle en esta carta un esbozo de la vida privada de Madrid empezando por la descripción de unos personajes característicos de este país, conocidos con el nombre de pretendientes o cazadores de empleos. Pero estas expresiones no quieren decir lo mismo en español que en inglés. Nuestras mejores familias envían normalmente a sus hijos a la Corte con tal fin y pocos son los caballeros que al destinar a sus hijos a la Iglesia o a la Magistratura no tienen en cuenta los medios económicos para mantenerlos durante tres o cuatro años en Madrid como asiduos y declarados pretendientes. El hecho es que, a excepción de tres sillas corales en las catedrales y colegiatas que se ganan por oposición, no hay ningún puesto de rango o dinero que no se consiga por el único medio de la recomendación de la Corte. De aquí la necesidad de los que no tienen bienes de fortuna -o en otras palabras, de más de las dos terceras partes de la hidalguía española- de dirigirse a la capital de la nación para procurarse por cualquier medio el favor de la Corte.

Los pretendientes se pueden dividir en cuatro clases: clérigos que aspiran a un puesto no inferior a una prebenda [en una catedral o colegiata]; letrados que quieren conseguir un puesto en uno de nuestros numerosos tribunales de justicia, bien en España o en la América española; hombres de negocios que quieren un puesto en la recaudación de contribuciones, y, por último, abogados cuyo interés se limita a un corregimienta, esto es, una especie de magistratura con poderes judiciales muy limitados que hay en toda villa importante que carezca de Audiencia. […]

Después de reunir trabajosamente algún dinero y varias cartas de recomendación, vienen a Madrid, donde se les ve casi a diario en la antecamara de algún ministro, provistos de un memorial y una relación impresa de sus grados universitarios y méritos literarios, llamada papel de méritos, considerándose muy felices si, tras dos o tres horas de espera, su excelencia se digna aceptar sus papeles. Los que consiguen ser presentados a uno de los Grandes de España con privilegio de nombrar jueces en sus estados se limitan a la más facil pero también más humillante tarea de adular a su protector.

Los pretendientes a los más importantes empleos de la Hacienda pública tienen que ser capaces de presentarse más brillantemente en la Corte, si quieren triunfar. […]

[…]¡Qué idea se formaría un inglés sobre la elegancia española si entrara en una de las casas de huéspedes de Aranjuez y se encontrara en aquel gran patio empedrado rodeado de cuartos, cada uno de ellos ocupado por un diferente grupo de inquilinos, con tres o cuatro camas desvencijadas y otras tantas sillas por todo mobiliario! Por un lado, uno limpiando los zapatos, otro remendando las medias, un tercero cepillando el traje de corte que tiene que llevar a la recepción del ministro, mientras que un cuarrto está todavía en la cama descansando como puede del baile de la noche anterior. Como ni en Madrid ni en los Sitios se conocen los coches de alquiler, causa compasión y risa al mismo tiempo el ver salir, después de un laborioso tocado, a estos jueces, intendentes y gobernadores en embrión, vestidos de gala, caminando en medio del barro y dirigiendo ansiosas miradas a las chorreras y puños de encaje, mañosamente atados a las mangas y al chaleco, que a causa de un desgraciado accidente pudieran mostrar a la luz pública la basta y descolorida camisa que intentan ocultar. Así van penosamente camino del Palacio para vagar por sus galerías durante horas y horas hasta que consiguen hacerle una reverencia al ministro o a cualquier otro gran personaje del que dependen sus esperanzas. Cumplido este importante deber, vuelven a la pensión a tomar una escasísima comida a no ser que su buena estrella les haya deparado una invitación. Por la tarde tienen que hacer acto de presencia en el paseo público donde la familia real toma el aire diariamente, tras lo cual terminan la jornada asistiendo a la tertulia de alguna gran señora, si han tenido la suerte de obtener su venia para presentarle este diario tributo de respeto.”

Blanco White

Els fragments anteriors corresponen a la “Carta Undécima”, de la sèrie “Cartas de España” (1972), una traducció al castellà d’Antonio Garnica de les originals en anglès, “Letters from Spain”, de l’andalús, exiliat a Anglaterra, José Blanco White (1775-1841), publicades a la revista “The New Monthly Magazine” (1821) i posteriorment, el 1822, també en forma de llibre.

Oriol López

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