La repressió franquista contra els vençuts

"Verdades incómodas: el dictador bajo palio", de Jaume d'Urgell

La repressió que el franquisme va exercir un cop acabada la guerra contra els vençuts era reconeguda per un dels antics dirigents de Falange Española, Dionisio Ridruejo, al seu llibre “Escrito en España”, amb aquestes paraules:

“De dos instrumentos se han servido las oligarquías, las camarillas y sus fuerzas de asistencia para llegar a destruir toda vida civil en España. El primero ha sida la violencia represiva, esto es, el terror. El segundo ha sida la corrupción metódica. En ciertas ocasiones ambos métodos han sida empleados simultaneamente y no hay aún razones para creer que se haya renunciado enteramente al primero aunque debe admitirse que sus formas son ya sumamente tenues y su uso excepcional.
[…]
El terror comenzó tempranamente.
[…]
La represión adquirió el carácter y el volumen de una purga de adversarios, intencionalmente exhaustiva, no con miras a la seguridad presente, sino destinada a retirar para el futuro todo obstáculo probable, toda veleidad de oposición, todo rebrote de las fuerzas o sígníficaciones condenadas.
[…]
Consumada en tres tiempos, la represión cruenta alcanzó un volumen cuyas cifras escapan a mis calculos pero que debemos calificar de aplastante, cuantitativa y cualitativamente. Es verdad que toda represión directa y en masa tiende a ser por fuerza azarosa. La purga ‘roja’ o revolucionaria, inspirada por la ira y apuntando principalmente a las circunstancias de clase, lo fue en extremo. También lo fue la contraria, pero, en comparación con aquélla, esa primera fase de la represión dirigida por las autoridades del nuevo Estado fue planificada y certera, guiándose sobre todo por consideraciones de conducta o ideologia personales. Ello resultaba fácil porque en el campo dominado por la rebelión habian quedado las ciudades menos pobladas donde, al igual que en los centros rurales, todo el mundo se conocía y más aún cuando la jactancia, desencadenada como ya dijimos por el triunfo del Frente Popular, habla autodenunciado a innumerables personas pocos dias antes ocultas en la sombra. Cuando de estos lugares se pasó a las poblaciones que se habían mantenido por más o menos tiempo leales a la República, la guerra ya se había encargado de separar el trigo de la paja, poniendo de relieve a las personas más activas de la izquierda y manteniendo en la persecución o la zozobra a los futuros denunciantes de sus convecinos, que acaso tuvieron que vengar muertos de parientes y amigos, o, en el mejor caso, las propias agonías y sobresaltos y liberar el odio o el miedo reprimidos en las horas inciertas.
[…]
Para la represión informal o espontánea, entraron en trágico concurso todas las milícias, las fuerzas de seguridad y los partidos de ocasión, bajo la tutela de autoridades aquiescentes o inspiradoras y con la instigación y denuncia de sanhedrines reaccionarios y cacicatos rurales. Pasados los primeros meses, el Ejército tomó el control exclusivo de ella, formalizándola a través de los Consejos de Guerra, salvo cuando la ejecutaban directamente las fuerzas de ocupación. Más tarde aún y durante años y años sería dirigida -siempre en el ámbito militar por los llamados Juzgados Especiales de Represión. Pero en las tres fases mantuvo una única y misma intención central: la destrucción física de los cuadros de los partidos del Frente Popular, de los sindicatos obreros y de las organizaciones masónicas, sin perder de vista lampoco a los partidos democráticos más moderados y a las personalidades independientes que, en el orden intelectual o profesional, gozaban un prestigio de izquierdistas o decididamente liberales. Si al abundante número de ejecutados o condenados a penas de prisión aniquiladoras se une el número de los que -optando por la emigración pudieron salvarse de la quema, a cambio de perder todo contacto con su país, se puede y debe hablar de una operación perfecta de extirpación de las fuerzas políticas que habían patrocinado y sostenido la República y representaban corrientes sociales avanzadas o simples movimientos de opinión democrática y liberal.
[…]
Pero aun la parte de la clientela de estas antiguas fuerzas que quedó indemne había de sufrir una doble presión aterradora. Una la directa, representada por el ejemplo de los ejecutados o sumidos en la prisión y reforzada por una situación de entredicho o fichaje especial de caracter policíaco. En algunos casos, seguramente poca numerosos, estas situaciones llegaron a límite, como la de algunos condenados a muerte que, a pesar de ello, eran puestos en libertad vigilada por consideraciones seguramente inexcusables, sin que entre lo uno y lo otro hubiera mediado indulto o conmutación de la pena. Estas personas andaban por la calle, acudían a su trabajo,se recogían en su hogar bajo una verdadera espada de Damocles, puesto que cualquier implicación, incluso casual e involuntaria, en un desorden público o en una reunión sospechosa podía conducirles ante el pelotón de ejecución, sin nuevo trámite.
[…]
Pero aún tendría efectos sociales más graves la otra presión: la indirecta e incruenta, consistente en una particular situación de entredicho, esta vez social, que presuponía una rebaja de derechos y en ocasiones una verdadera desclasificación para la vida ordinaria. La discriminación entre vencedores y vencidos se consumaría así por tiempo indefinido, en la sociedad española.
[…]
El instrumento de esta discriminación fueron los expedientes de depuración a los que serían sometidos, desde los comienzos de la guerra, tanto los funcionarios públicos como los profesionales en general. Todos los Ministerios, los Cuerpos, los Centros de enseñanza, los Colegios y asociaciones profesionales, los periódicos y hasta innumerables empresas privadas, abrieron este proceso general de las depuraciones. ( … ) Pero todos aquellos que, de un modo u otro, hubieran servido a la causa republicana, incluso antes de la guerra, o hubieran tenido significaciones no derechistas, eran examinados con infinita atención y en muchos casos privados del empleo o de la categoría, expulsados del cuerpo, vetados en el ejercicio de la profesión o dados de baja en la nómina.
[…]
Los que se libraban de estas resoluciones extremas quedaban en todo caso con un pie en el aire, marcados por la sospecha o disminuidos por sanciones temporales que, a la larga, arrastraban la cola de graves disminuciones efectivas. Por añadidura, todas las personas -y fueron legiones- que hubieran sido juzgadas y condenadas, incluso levemente, por responsabilidades de guerra que en muchísimos casos no pasaban de ser delitos de opinión o filiación, quedaban automáticamente privados de algunos de los pocos derechos públicos más bien nominales, concedidos por la ley a los otros ciudadanos -como, por ejemplo, el de elección- y las condenas llevaban la secuela de notas desfavorables que harían difícil cuando no imposible, para estos sancionados, el desenvolvimiento de la propia vida en cualquier ámbito profesional.”

Font: Cita d’ “Escrito en España” que es fa al llibre Catalunya sota el règim franquista. Informe sobre la persecució de la llengua i la cultura de Catalunya pel règim del general Franco (1a part), de Josep Benet.

Oriol López

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